Hay toses viejas. Toses que se contagian a través de las miasmas de las cloacas o de los conductos de ventilación, como dice Pablo García Casado, en un poema de su último libro, «Cada uno es mucha gente». Toses que llegan de anteayer, de hace cincuenta años, o tal vez dos mil años o más.

Toses que se parecen al cáncer de la corrupción, por cierto.

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