Nudos en el estómago – 1

Sigo con muchas dificultades para pensar. No es que no pueda. Me da pereza. Me causa agobio. Pensar en pensar me pone un nudo en el estómago.

Así que me dedico a leer lo que otros piensan, lo que otros cuentan. Eso está bien. Lo mejor es ser lectora, espectadora, oídora. Se multiplica el tiempo. También observo y, aunque no quisiera, observar y leer me obliga en algún momento a hacer preguntas, que es casi pensar.

Leo en el blog de “El hombre que salió de la tarta” acerca de un proyecto en cuya realización él mismo acompañó a Luis Macías: Scand Land, se llama. Hay proyectos que claramente sólo pueden ser llevados a cabo si tienen un nombre inglés. Scand Land es perfecto. No sé cómo sonará en chino, o en malayo, o en finlandés. En castellano no funciona. Cuenta Fernández Mallo (el que sale de la tarta, happening) que luego Macías quiere proseguir el proyecto con una segunda fase: Scanded Sky, digo yo que habría que llamarle. La luz del escáner transforma en pecera la yerba de la tierra del jardín. No sé que pasará cuando sea la luz del escáner contra la luz del cielo. Una imagen del proyecto de Macías, tomada de su blog:

Me encuentro sobre la encimera de la cocina una lata vacía de Coca-cola. Debajo de la encimera está el cubo de la basura para los envases. Si supiera quién ha dejado la lata vacía de Coca-cola sobre la encimera en lugar de depositarla en el cubo de los envases, podría preguntarle cuál es la diferencia de esfuerzo entre un gesto y otro. Seguro que es una distancia más mental que física. Posiblemente la de saber a quién le compete el último gesto de la cadena. El inconsciente gesto/ no gesto que marca un territorio, el gesto/no gesto del poder. El poder coca-cola:

Ceno con unos amigos en El Atrapamundos: “Cómete el mundo con nuestro menú diario…”. El viaje oral, fijación errática, aventura sin salir de la mesa. Es un lugar estupendo. La comida es muy buena. Y hacen unas cenas sobre países diferentes, con cuento incluido. El cuentacuentos en esas cenas suele ser el crack Roberto Malo, escritor. Cómete el mundo …. Comerse el mundo se dice de quien es decidido, no duda, puede con todo. Atrapar el mundo por la comida, por el sabor. Y una vez atrapado, ¿por dónde sigo?. El Atrapamundos:

Leo en El País un artículo que me parece muy bueno, sobre la falta de conocimiento de la historia entre los jóvenes. De la historia más esencial se entiende. Es un artículo que se vertebra a propósito del 18 de julio, el día que se inicia la cruenta guerra civil. La falta de interés por la historia, dice la autora del artículo, Enma Riverola, denota más bien una falta de interés por el presente actual. Detrás del cúmulo galáctico de información, de gestos, de tráfico, de redes sociales virtuales y no, parece habitar una gran nube vacía que se sustenta en más nada. Seguramente es una de las razones de la ausencia de sentido de la responsabilidad que actualmente existe entre los individuos. Ética antigua. La ética es antigua, queriendo decir antigua que está en desuso. Pero lo cierto es que el desconocimiento de la historia engendra desconocimiento de la realidad presente: esto es una ley física, científica (dicho para aquellos muchos que desconfían de la filosofía o de la historia, sin pararse a pensar (da pereza pensar, a mí también) que la filosofía, la historia, y la ciencia son caras de la misma pregunta-prisma). El articulo que he leido: http://www.elpais.com/articulo/opinion/paso/julio/elpepiopi/20090718elpepiopi_5/Tes
Tengo escrito este texto, que formará parte de un libro ( o su proyecto):

18 de julio

Querida Rose Mary:

Sí que me lo contó. Que viviste en su casa los dos primeros meses de la guerra. Inés se acordaba de haberte visto fugazmente la mañana del 18 de julio, que era sábado. Hacía calor. Mucho. Recordaba también lo extraña que se sintió cuando se enteró de que eras la amante de León Ponce, mi abuelo. Se lo dijiste un par de semanas después del 18 de julio, sin ni siquiera pasar de la puerta, aunque primero le contaste que no habías podido encontrar el cadáver de su marido, y que le habían asesinado al amanecer. Se percibió extraña a sí misma. No había pensado que se pudiera seguir amando a un muerto que ya estaba amando a otra mujer. Sentí más extrañeza que tristeza, insistía cuando me lo contó, muy preocupada sin duda por dejarme claras sus decisiones de entonces en adelante. Esto le escribí a Rose Mary Taylor tuteándola, como ella me había pedido en su primera carta: el tuteo español me gusta mucho, me remarcó. Al cabo de unos días de la muerte de León y de que te plantases en la puerta de su casa, Inés fue consciente de que te había visto en el grupo que esperaba en la calle a León la mañana del 18 de julio, cuando él subió a decirles que ni ella ni la niña salieran de casa. Marchabais hacia San Miguel, a la sede de la CNT. Allí se estaban reuniendo muchos. Todo eran rumores, aunque pesaba grandísimamente un silencio muy negro. Los tiroteos llegaron unas horas después. Duraron días, negros todos los días desde entonces, no rojos, ni verdes, no azules. Negros. Inés no sintió miedo. Tampoco cuando se quedó sola el 18 de julio. Palpó por primera vez su soledad y la extrañeza. Se quedó sentada al sol en el balcón, mirando cómo os alejabais. Un par de semanas después se llevaron a León. Pero ya se sabía sola desde antes. Me decía que si no se lo hubiera llevado la guerra, lo hubieras hecho tú. La soledad de la muerte y la del desamor suman mucha soledad para una mujer sola. Inés quería tiempo para comprender y para poder seguir viviendo. Y tú necesitabas quedarte quieta ese mismo tiempo. Cayeron muchas mujeres por mucho menos de lo que Rose Mary había hecho durante los últimos meses de la República, aunque fuera extranjera, a todas horas de aquí para allá con los anarquistas, me explicó. Durante algo más de dos meses, me dijo, te ocultó, amparada ella misma bajo la protección de Basilio, mi ex abuelo falangista, que ni lo sospechó. Quién iba a sospechar que la amante de León Ponce –todos lo habían sabido menos ella – estuviera en su propia casa, durmiendo en su misma cama con su propia mujer. A León también lo escondió luego el resto de su vida. Inés lo escondió en lo más oscuro de su olvido voluntario.

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11 Comments

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  1. Tú sí que eres un crack. Enhorabuena por la historia. Un beso.

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  2. Querida mía, aunque no debería serlo porque en él transcurren algunos de mis intermedios laborales,el Atrapamundos es uno de mis lugares favoritos. Sin embargo, es también mucho más que todo eso. Es un lugar que Pedro y Elena convierten en un pequeño oasis gastronómico-musical. Allí me encuentro también con amigos, disfruto de esos platos exóticos que siempre me sorprenden y un lugar al que siempre me gusta volver. He de confesar que guarda muchas de mis risas y también algunas de mis lágrimas. Besos, guapa. Y buena semana… en la medida de lo posible.

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  3. Atrapamundos para todos… besos, Roberto, Lamia.

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  4. El texto es precioso, es verdad. Y en cuanto al desconocimiento de la historia por parte de los jóvenes, es natural: ¿sirve luego de algo? (en la práctica, se entiende: para conseguir un trabajo, para que te paguen más por ello). ¿No? Pues a cascala. Que se la aprendan los imbéciles.

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  5. He escrito el comentario de antes sin haber leído el artículo de Emma Riverola. ¡Qué bueno es!

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  6. Así es, Inde, así es. Y el artículo está muy bien planteado, una exposición elocuente de la situación.Besos veraniegos y un poco achicharrados.

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  7. A mí también me da pereza pensar, y escribir, y leer… y hasta encender el ordenador, será por el calor, digo yo. Entiendo la galbana de los que habitan en países tropicales.No pinta mal ese proyecto del libro, espero que llegue a término y así tener otra disculpa para volver a Zaragoza en su presentación. Creo que Inés hizo bien en esconderlo en lo más recóndito, hay personas a las que le duele más que a su amor se lo lleve otra, que la misma muerte.Un fuerte abrazo, Luisa.

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  8. Hola Luisa: acabo de leer tu libro. Lo leí en una ciudad de mar, con tiempo nublado, en el hotel. Qué decirte: me ha parecido asombrosa tu poesía. Quiero hacer una entrada en mi blog con los sentimientos y emociones que han despertado esos textos o más bien, texturas, tuyos. De esos nudos en el estómago (muy propios de habitaciones de hotel también) saldrán palabras como extremidades. Un beso.

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  9. Hola Irene, intentaremos llegar al final con ese libro, aunque no es fácil, no creas. Sigue el calor y el deterretimiento neuronal, ay. Buenas vacaciones también para ti. A mi aún me queda un poquito, pero ya llegarán. Besos y gracias por todo.———————–HOla Francisco, muchas muchas gracias por eso que dices, te lo agradezco: eres muy generoso, también por la entrada en tu blog, será un honor y una alegría. Besos para ti y para Marisa.

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  10. Hola Luisa, así estoy, ni siquiera puedo explicarlo. Desde que leí tu entrada quería comentar y veme. Ante la de hoy me dije vamos ya. Aquí estoy. Es, no sé, hay días que algo sale, lo intento y de pronto me tropiezo. Consideraba estaba por lo menos en la superficie cuando me dan a leer y hablar sobre varios textos, acepté. Me ha dejado sin explicación. En fin, sigo tus consejos, primero regular la respiración. Y sí, las vacas son simpáticas.Me da mucho gusto saber sobre Las esquinas de la Luna, te mereces eso y más.Besos y un gran abrazoAlba

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  11. A veces lo más importante es mantener ese ritmo de la respiración, y qué dificil a veces, también. Incluso en los tropezones es mejor mantener la respiración. Besos, Alba, un abrazo grande.

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