Keats Ever

Silueta de Keats, realizada por Marianne Hunt (1820)

Hace unos meses, cuando el libro se presentó en Zaragoza, hablé ya de la antología bilingüe (inglés/castellano) de poemas de John Keats, en traducción de Rafa Lobarte y publicada por la editorial aragonesa Olifante. Hoy han presentado el trabajo en Madrid el propio traductor, la editora Trinidad Ruiz Marcellán, el poeta Ángel Guinda y el viceconsejero de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Aragón, Juan José Vázquez.

Ayer en el suplemento cultural del periódico Heraldo de Aragón, Artes y Letras, que dirige Antón Castro, se publicó una reseña que escribí para el mismo. La cuelgo aquí ahora:

El poeta romántico inglés John Keats (1795-1821) yace en el cementerio protestante de Roma bajo una lápida en la que se lee el epitafio ordenado por él mismo: “Aquí yace un hombre cuyo nombre fue escrito en el agua”. Murió tísico, con tan sólo veinticinco años, triste y convencido seguramente de que jamás alcanzaría la Fama que tanto anheló: la Fama siempre ha sido una manera de promoción social. Fue por completo un hombre y un poeta de los años fundacionales de la Europa romántica, cuyo poderoso aliento (como dice el primer verso de la estrofa LV de Adonais, elegía a la muerte de John Keats escrita por Percy B. Shelley, en la traducción que Vicente Gaos publicó en Espasa Calpe en 1954) ha atravesado – no importa mucho bajo qué formas o mutaciones- los dos últimos siglos de la civilización occidental. En contra de lo augurado por él mismo en su epitafio, el nombre de Keats no se desvaneció en la corriente del tiempo. Tampoco seguramente lo hará en adelante, a pesar de todos los signos que parecen indicar que el nuestro es un siglo de transición hacia una nueva formulación cultural, ya no radicada en los presupuestos románticos burgueses. No importa. Porque la poesía de John Keats contiene, bajo la escenografía romántica, los suficientes valores filosóficos esenciales y una dicción tan representativa y bella como para seguir siendo necesaria en el conjunto de las referencias ineludibles de nuestra tradición literaria. Aunque en cualquier caso y en primera instancia, estoy segura de que la poesía de Keats mantendrá su sentido como lo mantiene todavía hoy aquella urna griega a la que él mismo cantó y posiblemente por la misma razón reductora final por la que él cantó: porque “la belleza es verdad, la verdad es belleza; / esto es cuanto aquí sabes y saber necesitas”.

Todo lo dicho no lo ha sido sino para apoyar –aunque no sea preciso- la oportunidad y bondad de la edición de la antología bilingüe de John Keats publicada por Olifante. Se trata de un trabajo, llevado a cabo por el traductor y poeta Rafael Lobarte, meticuloso y cuidado, honesto, madurado a lo largo de varios años, en el que se ha realizado una selección rigurosa entre los poemas de John Keats, atendiendo tanto a las valoraciones de la crítica actual como a las de los exégetas ingleses canónicos – véase por ejemplo el prólogo de William Michael Rossetti a la edición del Adonais de Shelley (1891)-, que prefirieron en general sus producciones largas. En atención a aquéllos se ha incluido el poema “La Víspera de Santa Inés”, la composición romántica por excelencia de Keats, que aúna el ambiente medieval y la leyenda que relata una vieja superstición, según la cual la víspera del día de santa Inés (el 21 de enero), las muchachas vírgenes podían contemplar en sueños a su futuro esposo siguiendo cierto ritual. El autor construyó a lo largo de cuarenta y dos estrofas spenserianas un poema en el que predomina el juego de contrastes y una pintura del paisaje a base de símbolos y sinestesias.

La antología incluye además todas las excelentes odas escritas por Keats y sus mejores sonetos, más algunas piezas sueltas, que Lobarte traduce según una interpretación rítmica –en endecasílabos, alejandrinos y heptasílabos- con la que consigue trasladar la musicalidad de los versos ingleses de Keats al interior de la acentuación castellana. Un mérito más de esta edición.

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2 Comments

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  1. Ya me encantó la muestra que trajiste en septiembre así como lo que leí en "Cronistas".Cierta pereza me impidió hacerme con el libro entonces, pero estoy seguro de que no dejaré ahora pasar la ocasión de hacerlo.Un beso, Luisa.

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  2. Pues te recomiendo, Ybris, que efectivamente no dejes pasar la ocasión: un libro que nunca estará de más.

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