«Porque un jardín no está si no lo miras, pero si los geranios daban melocotones por el puro terciopelo del tacto o la rosa levitaba en la rama hasta afrutar un corazón, eso no era para ti imaginación, era tu amor; y las cosas florecían, cómo decirlo, las cosas florecían sumergiéndose en sus propios colores»
(Juan Andrés García Román, del poema La primavera de la zarza, en La Adoración – DVD, 2011)
«En el instante en que la luz se hace, queda el aire colmado por las infinitas imágenes que causan los distintos cuerpos y colores que en su seno se disponen; y el ojo se convierte en su blanco y piedra imán»
(Leonardo da Vinci, Tratado de la pintura, Aka, 2007 – Google Libros ofrece una vista previa)


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