Síntomas de la Entropía/14: tontines

Esta mañana un tontín al volante me ha hecho un gesto feo mirándome por su espejo retrovisor. Acabábamos de detenernos en un semáforo y confieso que, justo en el mismo instante del gesto feo, he bostezado: no ha sido intencionado, de verdad – pero me ha parecido muy oportuna la reacción de mi sistema nervioso simpático.
Un minuto antes lo que había sucedido es que el conductor tontín parecía querer abalanzarse sobre mi pobre coche; el automóvil del tontín estaba casi sobrepasando la línea de demarcación de carril y yo he abierto los brazos: ¡eh, que estoy aquí!, quería decir mi gesto.
Tontín quería cambiarse de carril, claro. Yo antes pensaba que cuando uno quiere cambiarse de carril, le enseña el intermitente conveniente a su vecino (bueno, aquí, en España, me refería: en Italia, por ejemplo, rige otro orden de cosas). Desde hace un tiempo vengo observando que igualmente aquí (en mi ciudad, digo) ya no es así, que estoy desfasada: ahora cuando uno quiere cambiarse de carril, va escorándose sobre sus vecinos hasta que por huevos les desplaza, o les obliga a frenar a destiempo, o lo que sea. Claro, que la razón de que ésto suceda (que no excusa) puede estar en que nadie hace caso a los intermitentes ni deja que otro automóvil “se cuele” delante del suyo cuando se trata de un pardillo con intermitente en marcha:
somos muchos tontínes al volante y (lo siento, queridos hombres míos), son más numerosos los tontines masculinos.
Entiendo aquí por tontín aquel especimen humano que cree básicamente dos cosas: una, que él y su coche son siempre prioritarios y básicamente guays del paraguay (ésto pudiera ser tolerable), y dos (que es lo realmente preocupante) que los demás hemos desarrollado ya nuestra muy factible en un futuro capacidad telepática sólo para adivinar sus deseos e intenciones y atenderlos consiguientemente (en Italia, por lo menos, todos se gritan o gesticulan avisando de sus dichas intenciones y como allí todo el mundo sabe que todo vale, el voceglerío general es más que nada una puesta en escena, y puesto que hay consenso en las formas no puede considerarse que existan los tontines; en todo caso existen los caraduras, género más divertido por lo menos).
Aparte de que me aburren mucho los tontines (vayan o no al volante), quería decir que me preocupa (entre otros síntomas de la entropía) este de pensar que no sea obligación y responsabilidad (pero, ¿he escrito responsabilidad?, ¿se me entiende lo que quiero decir con el concepto?) de cada individuo la adecuada utilización de un lenguaje que los otros entiendan y por parte del escuchante de no mandar a escaparrar a las primeras de cambio al que da la explicación. No hay cohesión social, no hay colectividad sin lenguaje. Y más nos valdría ya empezar a pensar en ello. ¿Suena arcaica esta perorata? Me da igual. Es pura física y pura dinámica de grupos. Y si se me presiona, afirmaré que es pura elegancia inteligente para vivir. Esa de la que carecen en general los tontines.
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8 Comments

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  1. No te falta razón en todo lo que dices.A partir de ahora en vez de llamarles (a ellos)de otra manera, les llamaré tontines.Ni siquiera se merecen otro exabrupto.Saludicos.

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  2. El coche como prolongación del pene… Por eso hay gente que se compra coches tan grandes que no hay manera luego de aparcar si no es pagando una buena plaza de parking…El caso es que la gente va a su puta bola, y con un nivel de violencia apenas contenida que cualquier día se armará aquí la de Tucson (y no me refiero a lo de la congresista, sino a Tucson en general cuando en el Saloon a la gente le daba por jugar al póquer sin comunicarse…).Y los tontines, pues eso, a tontear. En Tucson, eso sí, no durarían ni dos segundos.Besos.

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  3. Lo siento, pero no estoy de acuerdo con Carmen. No basta con llamarles tontines. Se merecen algunos otros calificativos. Y, si, Luisa. Yo también vengo observando cómo el uso del intermitente ha caído en desuso (si nos remontamos al pleistoceno quizá algunos especímenos lo usaran más que estos tontines y todo lo demás que se merece que les digamos)y cómo, generalmente ellos, tratan de ganar terreno por el puro método de "ayva ayva que voy échate p´aunlau". Yo, como tu, trato de avisarles de su indecoro y, como tu, me encuentro con el dedito al que le da un tirón repentino. Por eso, desde hace unas semanas he pasado a la acción: cuando me atacan, pito, me sacan el dedito y yo, inocentemente, saco el mío. Plácidamente sigo mi camino. (Lo siento pero sí, me he convertido en uno más de los animales que pueblan nuestras calles. Debe ser que es en el coche donde asoma ese aspecto salvaje que atribuyen a las lamias y que asegura que en los bosques son temidas por los humanos varones, a los que devoran sin piedad).

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  4. Yo pienso como Lamia, más que tontines, más.Menos mal que no tengo coche, es una forma de no tener a los tontines cerca.K,Marta

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  5. No te sulfures con los pobres tontines, es cuestión de poco tiempo que en España nos superen las tontinas. Tú te expresaste con los brazos, el otro se expresó mirándote por el retrovisor, hay diálogo comprensible, violento seguramente, es propio de la agresividad imperante, ¿hace cuanto tiempo que no te ceden el paso? ¿ó que te perdonen un despiste sin que te piten?No es telepatía, existe una conjunción de síntomas que al conductor experto le indican que el conductor que va delante está buscando aparcamiento, ava a cambiar de carril, etc, existe un orden paralelo y un lenguaje paralelo.

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  6. Todos tenemos un punto "tontín" (de éso no tengo ninguna duda: la experiencia lo demuestra). Ocurre, sin embargo, que en algunas circunstancias y contextos, esa parte es más evidente y sobre todo en determinados individuos. De todas formas, me interesa más todo este tema como metáfora que como asunto real, porque como todos venís a decir, parece ya bastante inevitable, por lo menos por ahora. Sólo una cosa en este contexto más real: no puedo para nada pensar que la agresividad y la violencia puedan ser homologados como una forma de lenguaje (para mí no participa de esta categoría cultural) que debo estar obligada a entender; en ese caso creo que estoy en mi derecho a no darme por aludida: faltaría mas. Mi gesto de brazos abiertos no era violento: es más bien siempre una manera de expresar mi anonadamiento.

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  7. No todos son tontines, hay los que les da igual lo que haga el vecino, tan sólo es cuestión de paciencia y pasividad. He descubierto, que ésos son los que van escuchando su programa de tertulia en la radio.

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  8. Ya lo sé, Xavi, ya sé que no todos son tontines. Aunque, a veces, no te puedes quedar indiferente: simplemente porque te juegas al menos la carrocería del auto (que no está el horno para ir al taller de chapa así como así). Ya lo sé, Xavi, que no todos son tontines, aunque según que tertulias son también harto peligrosas.

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