Granjero Daniel

Ayer los ciudadanos del colegio Ángel Riviere se fueron de excursión lúdico-pedagógica a la Gran Escuela de Miralbueno. Contaron con buenos reporteros que nos han pasado todo el material gráfico de la experiencia en un abrir y cerrar de ojos. Lo podéis ver en el muro de Inma (Rincón), que está enlazado desde el pie de la fotografía que, como muestra del interés de Daniel por los animales domésticos, dejamos aquí.
Otros años os hemos contado actividades similares. La novedad organizativa de este año es que el colegio decidió cambiar de Granja visitada. La causa de este cambio sé que está en la ausencia de ayudas por parte del Departamento de Educación para la realización de estas -y otras actividades-, digamos, fuera de curriculum duro y puro. Las circunstancias (que imagino de carácter económico) que han llevado a cambiar una granja por otra ya no las conozco. Solo sé que ha aumentado, como era de esperar en las penosas actuales circunstancias de este país, y en particular en las dificultades con que se está gravando la educación pública, la aportación económica familiar para que se pueda llevar a cabo la experiencia granjeril.
A Daniel le encantan los animales. Y vista la soltura con que hace frente a ovejas, conejos, gallinas, patos y demás, y vista también su afición al huerto (tienen, como sabéis, uno en el colegio y a Daniel le gusta trabajar en él todo: plantar, excavar, regar, ¡recolectar!) , creo que es un candidato ideal para uno de los planes de huida del mundanal mundo que se me pasan muchas veces por la cabeza.
Ya se sabe desde el tiempo de los romanos, y aun antes, que cuando llegan las crisis y las civilizaciones navegan un tanto a la deriva, llega la hora de huir al campo. Así que a ver si Daniel entrena bien en el huerto y aprende muchas cosas , y también se apaña con los animales, y como la cosa se ponga más fea (que todo es posible), nos volvemos al antiguo solar familiar, allá a orillas del Jalón (como el super poeta hispanorromano Marcial, que regresó a Calatayud, su pueblo -por entonces Bilbilis-, no por una crisis de civilización, que aún les quedaban a los romanos un poco de vidilla-, sino por estar hasta las narices del mundanal mundo). Nos metemos en la mochila de la silla el comunicador, el ordenador, el pincho para internet, las semillas, unos animalicos, las herramientas para trabajar el huerto… y hala, cuatro generaciones después, volvemos al principio, de nuevo granjeros. Granjero Daniel.
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