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  1. “Coruja”, “corúa”, “coruxa”, “curuxa”, “guruxa”, “cucuruxa”, “coraixa”, “curacha”, y así un sinfín de nombres relacionados con “acurrucarse” para designar a la en otro tiempo abundante lechuza –Tyto alba-. Otro frente semántico la relaciona con el aceite de las lámparas de las iglesias que las almas cándidas y algún que otro sacristán malvado dicen que se bebe; son vernáculos como “óliba”, “óvila”, “choliba”, “oliva”. Finalmente, “lechuza”, remite a “leche”, por el aspecto blancuzco, lechoso, que tiene el ave en vuelo nocturno.

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  2. ¡Fabulosa exploración por la semántica lechucera! ¡Qué de posibilidades! Agradecísima por las aportaciones.

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