Y la nave no va, no va*

“MAX: La tragedia nuestra no es tragedia.
DON LATINO: ¡Pues algo será!
MAX: El Esperpento”

(Valle Inclán, Luces de Bohemia. Escena XII)

Vivimos  en este país en un estado de colmo esperpéntico, evidenciado ciclogenéticamente en los últimos días por situaciones y actuaciones tan intolerables como la mala gestión  de la crisis del ébola (no sólo por parte de los responsables políticos, pues algunos medios de comunicación pusieron un desajustado empeño en los primeros momentos de la crisis en explotar los elementos del puro y duro espectáculo),  la orgía tarjeteril de los consejeros de Caja Madrid -cuyos gastos revelan perfiles de cutrez y jetismo abominables, además de ser indignantes, insultantes y cínicos respecto a un país que está soportando lo que está soportando a lo largo de todos los años de crisis económica-, o que la Justicia demande una condena mayor para la dirigente sindical  mallorquina, a la que se imputa la rotura de un cristal de un autobús durante una huelga, que para el empresario que organizó la fiesta en el Madrid Arenas que costó finalmente la vida de cinco chicas.

Si se me permite, el lado pseudofolclórico viene, también es estos últimos días, por esa truculenta (y suculenta para los medios) rogativa petitoria de los allegados de La Pantoja, orientada a recaudar la pasta de la multa que la cantante debe abonar por un delito económico, derivado de su conexión -sea la que sea- con la corrupción, que recorre este país cual jinete apocalíptico medieval. Esto también daría para mucha sociología barateja, si no fuera porque semejante empeño pantojeril chirría mucho-mucho en estos tiempos y por estos pagos … Vivimos unas situaciones en este país dignas de la más corrosiva ironía valleinclanesca, si dejamos a un lado (no debemos) el dolor que están produciendo en una gran mayoría de sus gentes, y en el caso concreto de la crisis del ébola el dolor físico y moral  de los directamente afectados por la enfermedad, de una forma u otra.

No digo que seamos el país más esperpéntico del mundo mundial. No lo digo porque no conozco todos los países del mundo mundial. Y porque ya decía el fabulista que cuando creyeres que tu desgracia es la mayor, seguro que a tu lado viaja alguien aún más desgraciado. Y, sobre todo, porque no me puedo resignar. Y mira que la historia  se ha empeñado una y otra vez en hacernos creer (imagino que con muy aviesas e interesadas intenciones) que es precisamente la resignación la actitud más coherente entre las gentes de este país, por el que algunos se pasean como auténticos y carpetovetónicos  juanes sin tierra , o sea saqueando a diestro y siniestro, humillando, convencidos de que sólo suyo es lo de todos. De esta catadura hay individuos en muchos ámbitos de la vida española. Los usos y costumbres de la caterva. Pura y dura predemocracia. La carencia absoluta de verdadero sentido democrático en la vida social española (que no consiste en votar de vez en cuando, delegar y no preguntar, y volver a votar al abusador, por ejemplo, sea cual sea su color político, sino en responsabilizarse individual y colectivamente de la complicada y a menudo inverosímil empresa de vivir juntos, desempeñando cada cual su labor, rindiendo y exigiendo cuentas), nos está convirtiendo en estos momentos en un país  desorganizado, incapaz de dar respuestas a los verdaderos problemas y retos de una sociedad global, en crisis y sin pautas elaboradas para afrontar el futuro. Carecer de estas pautas puede dejarnos dentro de no mucho tiempo al margen de los principales y decisivos terrenos donde la vida futura se habrá de desenvolver: la investigación, la tecnología, la economía  y la cultura glocales. En el mundo futuro que ya está aquí la capacidad de organización y de gestión será decisiva. Nosotros hemos encallado tras la travesía de la Transición al descubrir que en el mando de la nave se nos habían colado un buen puñado de piratas. Hemos tardado en actuar respecto a esos piratas. Y ahora estamos arruinados, no sabemos muy bien hacia dónde ir ni a quién fiar el timón, y para colmo la nave necesita reparaciones urgentes. Vamos de un lado para el otro del barco, sin procurarnos ni los recursos ni las formas precisas para volver a navegar, y hacerlo en un océano que ya es otro del que fue. No saldremos nunca de aquí sin asumir algunos riesgos. Eso está claro. ¿Entonces? Ya decía Valle, aquello tan irónico: ¡cráneos privilegiados! Sí, ya lo veo, me ha quedado una nota un tanto perezrevertiana, sin palabros, eso sí. Pero es que ando en  el nivel de hartazgo +plus, y a fenómenos decimonónicos… , palabras esperpénticas.

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*Tiendo a pensar que sigue vigente en la memoria relacional de la mayoría gran parte de las referencias culturales anteriores a los años 90 del siglo pasado. Pero es verdad que no es así. No tenerlo en cuenta es sólo culpa mía. El título de esta nota hace alusión evidente a la película de Fellini (E la nave va, 1983).

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