Otra de hospitales

Los años de austeridad económica han dejado huella en el ecosistema hospitalario. Hubo un tiempo de gran bonanza. Entonces en las mesillas de los pacientes abundaban los paquetes de gasas, la ropa de cama y baño llenaba los estantes del cuarto de Lencería y no tenías que llevarte de casa la vaselina si las gomas del oxígeno te irritaban las fosas nasales, por ejemplo. Recuerdo también que las raciones de comida eran más abundantes y los menús más variados. Llevo muchos años pasando algunas temporaditas, como acompañante, en los hospitales de mi ciudad.  Y en todo ese tiempo he asistido a reformas arquitectónicas y tecnológicas integrales y parciales, al cambio del sistema hospitalario desde una organización sanitaria postfranquista y bastante cutre hasta su modernización y casi total adecuada dotación de infraestructuras, profesionales, prácticas, etc. Estoy hablando de la sanidad pública, claro.

Estos días he sido testigo de algunas situaciones que casi se dirían cómicas, sino fuera por lo que dejan entrever. Me refiero, por ejemplo, a la excursión que tuvo que realizar un celador por varias plantas del hospital hasta dar con un soporte de gotero para cama libre. O también, por ejemplo, a que mi familiar ingresada, no muy alta de estatura y ya anciana, no pudiera subir a la cama de hospital también anciana y no articulada que le había tocado en suerte. En el fondo, carencias éstas concretamente de primer mundo y dentro de un sistema sanitario público del que, a pesar de todo – y a pesar de algunas cuestiones inadmisibles en un país de primer mundo- podemos seguir sintiéndonos agradecidos. Sobre todo de sus profesionales, que supongo suplen con trabajo e imaginación muchas de las carencias. Unos profesionales además cada vez más cercanos, cada vez más pedagógicos, cada vez más profesionales, al menos en lo que a mi experiencia se refiere, y afirmo esto después de haber tratado con muchos de ellos muchas veces, y recordando bien aquellas ocasiones puntuales –y alguna incluso terrible- en que hubiera dicho todo lo contrario. Cada vez más humanos. Hay cosas que es necesario y justo verbalizar.

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