Saldo mínimo

Esta maravilla de cubierta es la presentación externa de “Saldo mínimo”.

Como le ha pasado a tanta gente y en tantos ámbitos, antes de la pandemia, teníamos un plan con la editorial para la publicación y presentación de este libro. El plan de publicación se mantiene. La vida debe hacerse paso, queridos. El resto, ya veremos cómo y cuándo. La vida que quiera hacerse paso lo hará creciendo desde la adaptación a nuevas circunstancias, espero que con mucha capacidad creativa (es decir, manteniendo la suficiente rebeldía).

Los 22 poemas de “Saldo mínimo” se han ido construyendo a lo largo de más de diez años, es decir que es un libro que ha visto avanzar a su lado otros dos poemarios y una novela-artefacto. Dos de los poemas  fueron publicados en sendos números de la revista Turia: Ulises Missing y James Aquiles Dean. Los textos  son relecturas de temas de la mitología clásica y contemporánea, elegidos de entre aquellos que forman parte de mi personal santoral. El libro estaba ya prácticamente terminado cuando publicamos “Este es mi cuerpo” y, desde mi implicado punto de vista,  ambos poemarios están muy relacionados, en el tiempo, evidentemente, y por la lógica (bastante alógica) de su discurso.

 

 

El libro se abre con este poema, Dinosaurios:

 

Sobre los dinosaurios no hablaré. Mejor huir de la nostalgia.
Dónde estabas, qué hacías, si te amaron o no,
si fue verdad o no que cuando te extraviaste, y te quedaste
para siempre perdida, no se dio cuenta nadie
―debido al monstruoso bombardeo y al incendio infinito
posterior―, son cosas que significan tan sólo lo que fueron,
cosas que sucedieron antes de la extinción.
De todas las extinciones a las que hemos sobrevivido
guardo memoria. Una leve huella celular me basta.
La huella ubicua de la vida.
Memoria, sí. Nunca nostalgia.
El tiempo que pasó suele doler.
Vosotros no sabéis porque no estabais.
No pudisteis oír el aullido final del dinosaurio,
la impotencia volcánica que abrasó su garganta.
Pero yo he amamantado sus huesos resurrectos,
igual que amamanté, antes de la extinción, a su estirpe
sobreactuada e imposible.
Yo defiendo en mi vientre fosilizado su aullido y los ecos
sucesivos de su aullido. Ningún canto de pájaros
conseguirá extirparlo jamás de mi memoria.

 

 

 

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