distancia

No puedo estar más de acuerdo con un artículo de Isaac Rosa en eldiario.es (02.06.20) explicando muy bien que, si no nos apetece retomar la vida normal, tras estos meses de excepcionalidad mundial, no es porque hayamos desarrollado el síndrome de la cabaña, sino porque (haciendo abstracción de las causas) a quienes no hemos sufrido el contagio directamente o indirectamente, nos sentó bien cambiar de repente las multiobligaciones cotidianas, la mayoría inanes, e inaplazables, por una sola consigna: quedarse en casa, estarse quieto, dejar que el tiempo pasara de la mejor manera posible.  De repente, nos fue dado por obligación una buena ración de eso que tanto echamos de menos: tiempo.  Hemos sido sometidos a un estado de descompresión. Lo he visto en muchos de los amigos, en los vecinos, incluso en las relaciones familiares a distancia.  Por mi parte, la percepción de esa descompresión ha estado un poco perturbada y alterada por las características de mis obligaciones laborales. Pero no hasta el punto de no haberla sentido igualmente en alguna medida. Porque el trabajo estaba concentrado en un solo tema. Todos, a pesar de que ahora ya casi no lo parezca, hemos mirado y caminado en una dirección (es decir hemos estado atentos y concentrados), con una sola preocupación, que de hecho ha aparcado la multitud de temas habituales en los medios de comunicación, en las conversaciones de trabajo, en nuestras cabezas.

Creo que ha sido una cierta necesidad por mi parte de experimentar  mejor ese tiempo lento, lo que me ha llevado a guardar  unos días de vacaciones laborales, en medio de la pandemia, sin posibilidad de desplazamientos fuera de mi provincia.  He prolongado voluntariamente el confinamiento, porque quería escribir como ojalá pudiera hacerlo normalmente: sin cansancio de todo el día, con las neuronas bien comunicadas entre sí, y sobre todo con tiempo y quietud suficientes. Y no ha estado mal. Quedan meses de trabajo, pero espero haber encontrado la veta y las herramientas para seguirla y extraer el mineral del relato, ahora que hemos caminado los primeros trechos. Lo deseo para todos, por supuesto, sea lo que sea a lo que estéis dedicando vuestros esfuerzos. Regresemos, a ser posible, guardando también la distancia necesaria para la reflexión y el trabajo disfrutado.

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